La primera observación, al analizar los distintos partidos de la fase de grupos, es que, con la excepción de Sudáfrica y Túnez (veremos cómo y si el mago Renard cambia las cosas tras el despido de Lamouchi), el nivel medio de los equipos africanos ha aumentado, y no poco.
El nivel de Marruecos
Marruecos dominó la primera parte contra Brasil y esto, como era de esperar, no resulta del todo sorprendente, teniendo en cuenta que Hakimi y sus compañeros llegaron a las semifinales hace tres años y medio.
Dejando a un lado a Marruecos, vale la pena mencionar a Senegal, que puso a Francia bajo mucha presión en la primera mitad, estando mucho más cerca de adelantarse en el marcador que el equipo de Deschamps; Argelia, que solo se doblegó ante Messi pero aun así no desentonó; y luego Egipto, que logró un empate (al menos) contra la Bélgica de De Bruyne y Lukaku; y luego Congo y Cabo Verde, que detuvieron a Ronaldo y Lamine Yamal.
¿Quién pagó el precio de su debut y quién no?
Esta es la primera consideración; la segunda es que, en mi opinión, la primera jornada de un Mundial solo debe evaluarse hasta cierto punto, porque incluso los grandes equipos pagan el precio de su debut.
Brasil y Francia lo pagaron durante un tiempo, pero también España e Inglaterra. Independientemente de los resultados individuales, el lenguaje corporal de los distintos entrenadores solía ser el mismo: frustración por tantos errores técnicos, un juego poco brillante y tantas pérdidas de balón.
El formato actual, en el que ocho equipos que quedaron en tercer lugar de un total de doce pueden acceder a la fase eliminatoria, reduce a la mitad las preocupaciones sobre un posible tropiezo en el primer día, y quizás esto también haya significado que muchos equipos importantes no hayan comenzado a toda velocidad.
De las tres naciones anfitrionas, el equipo de Pochettino fue el único que cumplió con las expectativas iniciales.
Estados Unidos jugó con entusiasmo y habilidad. McKennie, al igual que en Italia, fue clave: la falta de adaptación de Paraguay a su desorden organizado quedó patente durante los 90 minutos. Pulisic también mostró una mejor versión de
sí mismo que en Milán en los últimos meses.
Jonathan David, por su parte, siguió la misma línea que en el final de temporada en Italia: Canadá demostró todo el temor que Estados Unidos logró dejar de lado.
Finalmente, a mitad de camino se encuentra México, que a pesar de la victoria, contra la que es quizás la peor selección nacional de las 48, Sudáfrica, ofreció un espectáculo mediocre en el terreno de juego, no a la altura de los Aztecas, que en cambio fueron una maravilla.
Nuevos talentos
Hablando de maravillas, hay que mencionar dos, de generaciones muy diferentes: la primera es el marroquí Bouaddi de 2007, cuyo talento los aficionados de la Juventus ya habían visto dos temporadas antes en la Champions League, contra el Lille, aquella noche en la que David y Zhegrova volvieron a causar grandes problemas al equipo de Thiago Motta por aquel entonces.
El talentoso jugador marroquí dominó el centro del campo durante 50 minutos, demostrando gran técnica, velocidad y visión de juego ante Casemiro y Bruno Guimaraes.
También exhibió todas sus cualidades frente a quien se supone será su próximo entrenador: Davide Ancelotti. Sin embargo, retenerlo en el Lille será una tarea muy complicada para el hijo de Carlo.
Otro nombre que cabe mencionar es el de Vozinha, el portero caboverdiano que no pudo contener las lágrimas al final del partido: sus siete paradas, a sus cuarenta años, detuvieron a España.
El resto lo hizo Caze TV, una cadena brasileña que, tras el incidente de Tim Payne, lanzó una campaña en redes sociales en apoyo del portero.
Resultado: el portero titular de Cabo Verde pasó de tener 50.000 seguidores en Instagram antes del partido a casi 2 millones por minuto. Al momento de escribir esto, sus seguidores han aumentado a casi 14 millones.
A la espera de su mejor versión
En cuanto a los fracasos más clásicos, España merece una mención, especialmente si se compara con lo esperado: su actuación fue insípida y monótona, un amargo recordatorio de una versión anticuada del estilo tikitaka de hace unos años.
La llegada de Lamine Yamal cambió el rumbo del partido, y con razón, pero un equipo que aspira a ganar el Mundial aún tiene que demostrar su valía, con o sin su jugador estrella. El hecho de que desde 2010 España solo haya ganado tres de sus doce partidos en la Copa del Mundo (contra Australia, Irán y Costa Rica) no hace sino confirmar la valoración inicial (muy inicial) negativa.
Hablando de estrellas, la más decepcionante fue sin duda Cristiano Ronaldo: CR7 saltó al campo tras los dobletes de Haaland y Mbappé y, sobre todo, el triplete de Messi, por lo que se esperaba una reacción.
El debut del portugués, sin embargo, fue decepcionante, generando críticas de todo el mundo, incluso de antiguos compañeros, como Thierry Henry, quien criticó el egoísmo de Ronaldo frente al arco.
Contra Congo, CR7 terminó con cero tiros a puerta, cero regates, cero pases clave, lo que rompió el cerco…